La probioticoterapia es la ciencia clínica que sana las enfermedades
a través de la aplicación sinbiótica de bacterias que reparan nuestro
ecosistema bacteriano, la combinación sinérgica de bacterias,mejora
el sistema inmunológico, tiene efectos desintoxicantes, antinflamatorios,
sicológicos y antiaging, convirtiéndose en la nueva revolución médica
para el bienestar humano y la longevidad.
Probioticos:Ciencia e Historia
Una persona adulta puede tener diez veces más células microbianas que humanas: el cuerpo humano tiene diez billones de células eucariotas, las «nuestras», y cien billones de células procariotas. Además, el cuerpo humano ofrece una gran diversidad de hábitats: 1) Microbiota de la boca. 2) Microbiota de la axila. 3) Microbiota del intestino. 4) Microbiota de la piel. 5) Microbiota de la vagina (la mayoría son lactobacilos; hay muy poca diversidad). 6) Microbiota del pie, entre los dedos. / Carles Puc
En el año 76 A.C.Hipócrates de Coz, padre de la medicina, fue el primero en mencionar los beneficios de los alimentos fermentados en la salud al señalar: “que el alimento sea tu mejor medicina y que tu mejor medicina sea el alimento”.Tiempo después, en el año 77 D. C., Plinio propuso en su tratado de Historia Natural que un buen remedio para tratar la gastroenteritis era la administración leche fermentada.
En el siglo XIX dos científicos fueron los responsables del descubrimiento clínico de los probióticos: Theodor Escherich y Elie Metchnikoff
Para 1844 Theodor Escherich (Ansbach, Baviera 1857 – Viena 1911) profesor de Pediatría de Viena comenzó a estudiar las heces de lactantes en el Instituto Patológico de Viena, descubriendo dos bacterias: La Bacterium coli commune (actualmente conocida como Escherechia Coli) y otra bacteria llamada Bacterium lactis aërogenes (actualmente denominada Klebsiella pneumoniae).
En aquellos tiempos el científico ruso de origen judío Iliá o Élie Métchnikoff (Ivanovka, Ucrania 1845-París 1916), que había estudiado en la Facultad de Ciencias Naturales de Kharkoff y que fue profesor de zoología en la Universidad de Odessa y San Petersburgo, llevaba 2 años en Mesina, tras haberse exiliado con su segunda esposa (la primera falleció de tuberculosis) por problemas políticos tras la muerte violenta del zar Alejandro II.
Elie Metchnikoff (1845-1916), el científico ruso-ucraniano, quien es considerado el padre del uso clínico de los probióticos y del descubrimiento de cualidades beneficiosas para la salud en la fermentación de la leche, observando que los lactobacilos transformaban la lactosa en ácido láctico, sustancia que actúa contra las bacterias patógenas (figura 1).
Sin embargo, el trabajo que le valió el Premio Nobel, junto a Theodor Escherich en 1908, y la inmortalidad como padre de la inmunología celular, fue el descubrimiento de la fagocitosis, al describir unas células que eliminaban las partículas extrañas de los tejidos de los animales invertebrados, percatándose de que se trataba de un proceso fundamental en la protección del huésped frente a las infecciones.
Posteriormente, sus investigaciones se orientaron hacia los mecanismos responsables de la senilidad y los medios por los que éstos podrían ser inhibidos. El resultado de sus trabajos se plasmó en libros como Études sur le Nature Humaine. Essai de philosophie optimiste (1903) o Étude sur la vieillesse. La longévité dans la série animale (1907), por los que se le recuerda como padre de la Gerontología, un término acuñado por él mismo, igual que el de Tanatología.
Metchnikoff hizo una observación histórica al describir que los habitantes de las aldeas campesinas de los Balcanes alcanzaban edades muy avanzadas, generalmente centenarias. Relacionó este hecho con el consumo habitual de una leche fermentada y postuló que las bacterias implicadas en dicha fermentación serían las responsables de su longevidad, ya que eliminarían a los clostridios y otras bacterias putrefactivas que serían responsables de la “autointoxicación intestinal” y el envejecimiento prematuro.
Así, desarrolló una dieta con una leche fermentada (el nacimiento del yogur) que contenía las dos bacterias que había aislado de los productos consumidos en los Balcanes: Lactobacillus delbrueckii subespecie bulgaricus (microorganismo productor de lactato descubierto en 1905 por el búlgaro Stamen Grigorov) y Streptococcus thermophilus. El propio Metchnikoff siguió sus consejos del consumo diario de leche fermentada con el “lactobacilo búlgaro” hasta su muerte.
Metchnikoff recogió los resultados de sus observaciones sobre la senilidad en un libro que ejerció una gran influencia: The Prolongation of Life, publicado en 1907. En él deja reflejado su fundamento científico sobre el efecto protector para la salud de las bacterias ácido lácticas y su teoría supuso los cimientos científicos de la bacterioterapia, base del empleo actual de los probióticos. Este libro, así como otras obras del autor, pueden ser descargados gratuitamente por Internet desde la página de la Universidad de California (figura 2).
Nacido en Ivanovka, cerca de Kharkoff, el 16 de mayo de 1845, hijo de un oficial de la Guardia Imperial y de una judía, fue el menor de cuatro hermanos y desde muy joven sintió una gran atracción por la historia natural. Pronto conoció las teorías evolucionistas de Darwin, abrazando el ateísmo y el materialismo, y el pensamiento de que el progreso de la civilización dependía del avance de las ciencias, ideas que le marcaron toda la vida.
Tras cursar estudios en Ciencias Naturales, peregrinó como profesor por varias facultades de diferentes universidades de Alemania, Italia y el Imperio Ruso, abarcando diversas disciplinas como la Embriología, la Histología y la Zoología, y donde tuvo que dar clases para evitar mayores penurias económicas. En la Universidad de San Petersburgo sufrió un primer episodio depresivo debido a la falta de medios y el poco apoyo de sus colegas.
En 1872 falleció su primera mujer e ilustradora de sus trabajos, Ludmilla Feodorovitch, que estaba enferma de tuberculosis, en la Isla de Madeira, lo que provocó una segunda depresión y un intento de suicidio con una sobredosis de opio. En 1875 se casó con Olga Belokopitova, de dieciséis años, de la que era tutor. Diversos fallecimientos, tanto en su familia como de miembros de la familia política, obligaron a Metchnikoff a mantener a su cargo a hermanas, cuñadas, sobrinos, etc. Su mujer enfermó de tifus y Metchnikoff entró de nuevo en estado de depresión, con un nuevo intento de suicidio inoculándose Treponema. Estuvo enfermo unas semanas, pero finalmente se recuperó.
Tras pasar estancias en España, Italia y Tánger debido a la bronquitis de su mujer, en 1887 Pasteur le ofreció un laboratorio en su nuevo Instituto de Paris. En la capital francesa, por fin, Metchnikoff parecía haber encontrado lo que tantos años estuvo buscando por toda Europa. Aparte de su intenso trabajo de investigación, se dedicó también a la divulgación científica en forma de artículos, conferencias y entrevistas. También participó en las actividades docentes del Instituto, siendo nombrado subdirector en 1895.
Los últimos años de su vida los dedicó al estudio del proceso del envejecimiento y su relación con los microbios del intestino, preconizando un estilo de vida determinado y un control de la dieta para alcanzar la longevidad. Además, estudió la arterioesclerosis, el cólera y la sífilis. Falleció en París en 1916, tras haber sufrido varios infartos de miocardio en sus últimos años.
Su mujer, Olga, que acabaría muriendo de tifus en Paris en 1944, escribió en 1921 su biografía, que puede descargarse gratuitamente por Internet desde la página de la Universidad de California anteriormente reseñada (figura 3). En un interesantísimo artículo publicado en The Lancet, Scott Podolsky reflexiona sobre la figura de Metchnikoff, paralela a la investigación sobre el microbioma, olvidada hasta hace veinte años y que actualmente presenta un futuro tan optimista como los escritos del científico ruso.
Queremos terminar recordando sus palabras durante una conferencia pronunciada el 3 de octubre de 1901 en Manchester, que llevaba como título “Flora and the human body”:
“Tan pronto como nace, el hombre se convierte en el hábitat de una rica microflora. La piel, las membranas mucosas y el contenido gastrointestinal se pueblan de tal flora, aunque hasta la fecha sólo se hayan reconocido o descrito un número muy pequeño de estos microorganismos. La dependencia de los microbios intestinales en la comida hace que sea posible adoptar medidas para modificar la flora en nuestros cuerpos y para reemplazar a los microbios dañinos por microbios útiles».
En la ciudad siciliana Elie Métchnikoff descubrió de forma causal unas células que eliminaban partículas extrañas de los tejidos de los invertebrados, mientras observaba al microscopio el modo que tienen los esporangios y las estrellas de mar de hacer la digestión. Introdujo algunas partículas de carmín en la larva de una estrella de mar y comprobó que unas células errantes fluían hacia las mismas. También clavó espinas de rosal en larvas de estrellas de mar y observó la acumulación de células móviles en torno a aquéllas, que englobaban los cuerpos extraños mediante expansiones citoplasmáticas. Entusiasmado con su hallazgo las denominó fagocitos y al fenómeno observado fagocitosis, trasladándose a la Universidad de Viena para continuar sus investigaciones, recalando posteriormente en París, para trabajar en el Instituto Pasteur. Tras fallecer Louis Pasteur la institución pasó a ser dirigida por Métchnikoff.
En 1873 hizo dos largos viajes por las estepas de Astrakan y Stavropol, donde se encontró con grupos humanos que presentaban ciertas peculiaridades, lo que atribuyó a su hábito de beber leche fermentada. A medida que fue envejeciendo se interesó por los mecanismos que conducen a la senilidad, acuñando el término Gerontología. Observó que en Bulgaria había numerosas personas que vivían en algunas aldeas llegando a los 100 años de edad, y lo relacionó con una alimentación basada en el gran consumo de bacterias que contiene la leche fermentada que consumían, que se obtenía por la acción de un microorganismo productor de lactato descubierto en 1905 por el búlgaro Stamen Grigorov, el Lactobacillus bulgaricus bacillus (actualmente Lactobacillus delbrueckii subsp. Bulgaricus).
Sostuvo que <<La autointoxicación, el envenenamiento debido a los indómitos bacilos de la putrefacción que hay en el intestino grueso, es, con toda seguridad, una de las causas del endurecimiento de las arterias, la causa de que envejezcamos tan rápidamente>>. Sugirió que el envejecimiento podría retrasarse modificando la conocida entonces como flora intestinal (actual microbiota) mediante el empleo de microbios útiles para sustituir a los que tienen acción proteolítica como el Clostridium, que a su vez producen sustancias tóxicas causadas por la digestión de proteínas (fenoles, indoles, amoníaco). El científico ucraniano fue el primero en sugerir que sería posible modificar la flora intestinal sustituyendo a los microorganismos dañinos por otros no patógenos. Afirmó a este respecto que: «La dependencia de los microorganismos intestinales con respecto a los alimentos hace posible adoptar medidas para modificar la flora de nuestro organismo y sustituir los microbios nocivos por microbios útiles».
Métchnikoff prosiguió sus investigaciones y concluyó que en la leche fermentada que se consumía en Bulgaria había, además del referido Lactobacillus bulgaricus, Estreptococo thermophilus. Usó cultivos de ambas bacterias para elaborar un tipo de leche ácida fermentada que comercializó en París a principios del siglo XX, cuyo consumo diario recomendaba. En una conferencia que pronunció el 3 de octubre de 1901, afirmó: <<tan pronto como nace, el hombre se convierte en el hábitat de una rica microflora. La piel, las membranas mucosas y el contenido gastrointestinal se pueblan de la tal flora, aunque hasta la fecha sólo se hayan reconocido o descrito un número muy pequeño de estos microorganismos (…). Durante mucho tiempo hemos pensado que en individuos sanos todos estos microorganismos eran inofensivos y, algunas veces incluso útiles.>>. Otra de sus célebres sentencias es: <<Somos tan viejos como nuestros intestinos>>.
Sus investigaciones le valieron a Métchnikov el premio Nobel de Medicina en el año 1908, que compartió con el bacteriólogo alemán Paul Ehrlich (Strehlen 1854- Bad Homburg 1915), descubridor del primer agente terapéutico eficaz para combatir la sífilis, el salvarsán. La vida del científico ruso no había sido fácil, pues sufrió baches depresivos y tuvo dos tentativas de suicidio. La primera durante su estancia en la Universidad de San Petersburgo, pues carecía de medios económicos y de laboratorio para investigar. La segunda ocurrió cuando su primera esposa murió en 1873, a consecuencia de la tuberculosis. Entonces Metchnikoff ingirió una fuerte dosis de opio.
A principios del siglo XX, Henry Tissier descubriera las bifidobacterias en el tracto intestinal de los bebés alimentados sólo con leche materna y demostrara los beneficios de cuidar la microflora intestinal de los niños con infecciones intestinales.
En 1908 Elie Metchnikoff, zoólogo y microbiólogo ruso, observó que ciertas poblaciones balcánicas, que consumían gran cantidad de lácteos fermentados (yoghurt) eran muy longevas y lo atribuyó a que este alimento contenía lactobacilos que reducían la cantidad de toxinas producidas por las bacterias intestinales, es aquí donde nace el estudio de los probióticos, aunque aún no recibían este nombre.
El primer uso del término “Probiótico” se atribuye a Vergio, quien en 1954 habló de los efectos negativos que los antibióticos causaban en la microbiota intestinal y decidió que a lo que influyera positivamente sobre la microbiota intestinal, se le podía llamar “probiótico” (del griego “pro” – a favor y “bios” vida; a favor de la vida) en oposición a la palabra: antibiótico que significa “anti” en contra “bios” vida; en contra de la vida, en este caso la vida de los microorganismos.
Los investigadores Daniel Lilley y Rosalie Stillwell adoptaron el término y en 1965 lo definieron como “sustancias secretadas por microorganismos que estimulan el crecimiento de otros microorganismos”, centrándose únicamente en la cantidad de microorganismos y no en sus beneficios.
Para 1989, R. Fuller define el término como “un suplemento dietético a base de microbios vivos que afecta beneficiosamente al animal huésped mejorando su equilibrio intestinal”, acercándose cada vez más a lo que hoy conocemos. Sin embargo, en 1992, A. H. Andrews da un paso atrás y los engloba con otras sustancias como enzimas, vitaminas minerales y antibióticos, entre otros, en los llamados “agentes profilácticos”, causando gran descontento en la comunidad científica, que se niega a incluir en un mismo grupo dos agentes antagónicos como probióticos y antibióticos.
Como puede verse, hasta el momento el desarrollo del término y la investigación al respecto se encaminaban bien, aunque con tropiezos, ya que aparecen investigadores que pretenden incluir a los probióticos entre los “aditivos biológicos”, al no encontrar dónde acomodarlos, pero D. Sainsbury hace ver a la comunidad que sólo pueden llamarse probióticos si son microorganismos vivos de un cultivo viable puro o mixto, mientras otros defienden la idea de que sólo son sustancias nutritivas y algunos más dicen que no hay diferencia si son microorganismos vivos o muertos.
- Prebióticos = Alimento para microbios intestinales saludables
- Probióticos = Microbios con cualidades beneficiosas
- Postbióticos = Compuestos producidos por microbios intestinales
- Los Parabioticos= paraprobióticos son las células microbianas no viables de los probióticos.
- Prebióticos + Probióticos = Postbióticos(AGCC)
- Simbióticos son alimentos que en su composición incluyen probióticos y prebióticos y potencian, sobre todo, su efecto beneficioso para la salud intestinal. Un ejemplo serían los preparados lácteos ricos en fibra fermentados por bifidobacterias

